Vuestra hija recibe presión sobre su cuerpo en muchos frentes: en las pantallas, que no siempre podéis ver, pero también en el entorno educativo y en la consulta médica. Esta guía no propone quitarle el móvil ni vigilar cada paso: propone mirar con ella, hablar con ella y acompañarla en cada uno de esos espacios, empezando por el lenguaje del entorno familiar.
La presión sobre el cuerpo de las adolescentes no empieza en las pantallas: empieza en el entorno educativo, en la consulta médica y en casa. Esa presión tiene nombre: Violencia Corporal (VC). Cuando viaja por las redes —filtros, retos virales, consejos de «vida sana» que no descansan nunca— se amplifica y se convierte en Violencia Corporal Digital (VCD). Nombrarlas es el primer paso para desactivarlas.
Esta guía no propone vigilancia ni prohibiciones. Propone algo más eficaz y duradero: mirar con ella, conversar con ella y revisar nuestro propio discurso. Porque la familia puede repetir la presión estética… o convertirse en el mejor lugar para resistirla.
Es la presión, el juicio y el daño que reciben los cuerpos —sobre todo los de las chicas— a través de pantallas. No siempre es un insulto: muchas veces se disfraza de belleza, de salud o de motivación. Se manifiesta en cinco dimensiones (Calado, en prensa-a):
El ideal imposible
Filtros, retoques e influencers repiten un único modelo de cuerpo: mujer, joven, delgada y normativa. Lo que ve no es real, pero se compara con ello a diario. Cada vez más, ese cuerpo ni siquiera existe: lo genera una inteligencia artificial.
La presión disfrazada de salud
«Comer limpio», retos fitness, disciplina como virtud moral. Bajo la palabra «salud» se esconden exigencias estéticas que generan culpa y restricción.
El escaparate que la retiene
Su feed no es una ventana al mundo: es un escaparate ordenado para que no se vaya. El algoritmo no sabe lo que le conviene, solo sabe lo que la retiene: si se detiene en un vídeo, le mostrará cien parecidos, cada vez más extremos, en una espiral que amplifica exactamente lo que más la inquieta.
La inseguridad como negocio
Publicidad encubierta, cosméticos, suplementos y cirugías. Industrias enteras necesitan que ella se sienta incompleta para venderle la «solución».
El juicio directo
Burlas, comentarios y memes sobre el cuerpo. Puede sufrirlo cualquier cuerpo, pero golpea con más frecuencia a los no normativos por su peso. El aspecto físico es el segundo motivo de acoso escolar en España, por detrás de la «forma de ser», y uno de cada cuatro casos se relaciona con ser más gorda o gordo. En las chicas adopta sobre todo formas relacionales —exclusión, rumores, crítica estética— y en los chicos más la agresión directa: por eso en ellas pasa más desapercibido.
Cómo reconocer la violencia salutista
Es la más difícil de detectar, porque no parece una exigencia estética: parece salud. Cinco preguntas ayudan a distinguirla de un contenido saludable de verdad:
Qué mide como éxito. Lo saludable mide capacidad —energía, fuerza, disfrute—. Si el indicador es visible —peso, talla, aspecto—, no habla de salud.
Si aparece la moral. «Comer limpio», «portarse bien», «compensar», «merecerse algo». Ese vocabulario convierte la alimentación en virtud y el fracaso en culpa.
Si propone un único cuerpo válido. La salud real es diversa; un contenido que exige un solo resultado para todos los cuerpos no puede ser de salud.
Quién gana dinero. Suplemento, plan, app o tratamiento: casi siempre hay algo detrás.
La prueba más simple: lo saludable ensancha la vida —más energía, más planes—; la violencia salutista la estrecha —vigilancia, tiempo, dinero, renuncias sociales—.
Un mismo feed, cinco formas de presión: la VCD no siempre parece violencia.
Vera, 13 años, enseña el móvil en la cena: «Mira lo que desayuna esta chica, por eso está así. Y no es publicidad, mamá: ella solo cuenta su vida». En la esquina del vídeo, muy pequeño, aparece el nombre de una marca de suplementos.
No discutir la admiración; preguntar juntas «¿quién gana si tú te sientes mal con tu cuerpo?». Nombrar la publicidad encubierta la desactiva.
En el grupo de clase circula un meme con la foto de una compañera y un comentario sobre su cuerpo. Vuestra hija no lo ha creado, pero lo ha visto y no sabe qué hacer: si lo dice, «es una chivata»; si calla, participa del silencio.
Agradecer que lo cuente y diferenciar chivarse (buscar castigo) de proteger (frenar un daño). Acordar juntas cómo responder: no reenviar, apoyar a la compañera en privado y comunicarlo al centro.
Empieza viendo un vídeo de «rutina saludable para la vuelta al cole». Dos días después su feed ya solo le muestra retos de ayuno y cuentas que cuentan calorías al gramo. Ella no ha buscado nada de eso: el algoritmo detectó que se detuvo en el primer vídeo y decidió que quería más, cada vez más extremo.
Explicarle que el algoritmo no sabe lo que le conviene, solo sabe lo que la retiene. Revisar juntas qué cuentas sigue y practicar dejar de seguir en cuanto algo empiece a incomodar, antes de que el feed se cierre sobre un único tema.
¿Qué tipo de VCD es?
Cinco situaciones que os podéis encontrar en su feed. Elegid a qué dimensión pertenece cada una; debajo aparece la respuesta.
Una foto con la piel alisada y la cintura estrechada por edición, sin avisar de que está retocada.
Un reto de 21 días de «comer limpio» para «desintoxicar» el cuerpo antes del verano.
Hace semanas que no le aparece ni un vídeo de baile o de dibujo: solo rutinas de gimnasio y recetas «fit».
Un vídeo motivacional sobre «quererse más» acaba recomendando un té adelgazante con código de descuento.
En una foto suya, compañeras de clase dejan comentarios sobre su peso.
Vuestra hija no llega a las redes con las manos vacías: llega con una mochila de mensajes sobre el cuerpo que ha ido recibiendo desde pequeña. Cada comentario sobre el peso, la ropa o la comida es una piedra más; la familia también puede ayudarle a vaciarla. Para entender cómo crece ese malestar —y por dónde se sana— sirve imaginarlo como un árbol (Calado, 2025a): lo que se ve (emociones, conductas) se alimenta de lo que no se ve.
1Las raíces · Mensajes tempranos
«Estás más guapa desde que adelgazaste», «no te pongas eso». Comentarios sobre el peso, el cuerpo y el valor personal —en casa, en la escuela, en las pantallas— que siembran la idea de que el cuerpo debe corregirse.
2El tronco · Creencias que se interiorizan
El cuerpo como proyecto pendiente, el valor condicionado a la imagen, la necesidad de controlarlo todo. Los mensajes repetidos se convierten en las gafas con las que ella se mira.
3Las ramas · Impacto en la vida
Se nota en la alimentación, la vida social, las relaciones y la actividad física: evita quedar, deja el deporte que le gustaba, come distinto cuando hay gente delante.
4Las hojas · Emociones que aparecen
Culpa, ansiedad, tristeza, frustración. Son la parte más visible del árbol; cuidar solo las hojas no llega a lo que las alimenta.
5Los frutos · El resultado
Si las raíces dañan, los frutos son malestar. Pero cuando cambiamos el entorno y las creencias, esos mismos frutos pueden ser aceptación, autoestima y una relación más libre con el cuerpo: eso es lo que persigue el resto de esta guía.
De las raíces a los frutos: el mismo árbol puede dar frutos de malestar o frutos de bienestar, según lo que planten las raíces y lo que sostenga el tronco.
📚 Fuente y más información: Calado, M. (2025a). Visibilizando lo Invisible: Adolescencia, bienestar e imagen corporal. El rol de la familia [Taller]. ANPA IES Alexandre Bóveda de Vigo. DOI →
La buena noticia es que las raíces se pueden regar de otra forma. Estos son los ingredientes que, según lo que sabemos, más ayudan a cultivar una relación sana con el cuerpo desde casa:
Una imagen corporal saludable se cultiva desde edades tempranas: con mensajes respetuosos, detectando a tiempo las señales de malestar y sosteniendo un entorno familiar que favorezca la autoestima. La familia no es un espectador del árbol: es quien más puede influir en su tierra.
📚 Fuente y más información: Calado, M. (2025a). Visibilizando lo Invisible: Adolescencia, bienestar e imagen corporal. El rol de la familia [Taller]. ANPA IES Alexandre Bóveda de Vigo. DOI →
Comida familiar. La abuela, con cariño: «Nena, cuidado con el pan, que te estás poniendo…». Silencio. La madre reconoce la frase: es la misma que le decían a ella a los quince. Las raíces se riegan así, de generación en generación, sin mala intención.
Cortar con calma en el momento («en esta casa no comentamos los cuerpos») y hablar después a solas con la abuela. Proteger no es montar un conflicto: es no dejar pasar la piedra hacia la mochila.
En el probador, la madre se mira al espejo y dice en voz alta, sin dramatizar: «Este vestido me sienta genial, aunque este año tenga algún kilo más que el año pasado». Su hija, al lado, la mira sin decir nada, pero se queda con la frase.
No hace falta un discurso: modelar en voz alta la aceptación del propio cuerpo enseña más que cualquier charla. Los frutos de esta guía empiezan en gestos pequeños y repetidos como este.
La familia nota que últimamente ella tarda mucho en el baño antes de las fotos de grupo y borra las que no le gustan. En vez de ignorarlo o bromear, un fin de semana tranquilo la madre le dice: «He notado que te cuesta verte en las fotos últimamente. ¿Quieres que hablemos de ello?».
Nombrar la señal con cariño, sin esperar a que sea grave, es el «rol familiar clave»: escucha y seguridad antes que juicio. Así es como unas raíces que dañan pueden convertirse en raíces que sostienen.
Las raíces del árbol se riegan —o se secan— con el lenguaje cotidiano. No se trata de hablar perfecto, sino de darse cuenta:
Conviene evitar
- «¿Vas a comerte todo eso?»
- «Qué guapa, ¿has adelgazado?»
- «Eso engorda / eso es malo»
- «Yo con estos brazos no me pongo tirantes»
- Bromas o comentarios sobre cuerpos ajenos (el «body talk»)
- Elogiar dietas o «fuerza de voluntad» para comer menos
Conviene decir
- «¿Qué tal te ha sentado el día?»
- «Me encanta cómo cuentas las cosas»
- «En esta casa la comida no se gana ni se castiga»
- «Los cuerpos cambian, y está bien»
- «¿Cómo te sientes tú después de ver esas cuentas?»
- Elogios a habilidades, valores y esfuerzo, no al aspecto
Y tan importante como lo que se dice es lo que se calla: hablar con naturalidad de la pubertad, la menstruación o las emociones también protege. Los silencios enseñan.
¿Cuida, depende o presiona?
Seis frases que se dicen en cualquier casa. Pasadlas por el semáforo y comprobad la respuesta.
«¿Qué tal te ha sentado el día?»
«¿Vas a comerte todo eso?»
«Deberías comer más verdura, así te sientes mejor.»
«Qué guapa, has adelgazado.»
«Los cuerpos cambian, y está bien.»
«Hoy tienes que hacer ejercicio, que llevas dos días sin moverte.»
Probador de una tienda. Ella sale con un vestido y suelta: «Qué asco de piernas, no me pongo esto ni loca». El impulso es responder «¡qué dices, si estás delgadísima!» — pero esa frase confirma la regla del juego: delgada = bien.
Validar la emoción sin valorar el cuerpo: «Veo que hoy te estás tratando duro. ¿Qué te está pesando?». Se acompaña el malestar, no se negocia la talla.
Comida de Navidad con toda la familia. Un tío suelta en voz alta: «Uy, cómo has crecido… por todos lados». Se ríe. Ella se queda callada el resto de la comida.
Cortar en el momento, con firmeza y sin montar un drama: «En esta familia no comentamos cuerpos». No hace falta ganar la discusión; ella solo necesita ver que alguien la protege delante de todos.
En casa, delante de la nevera, un padre compara a sus dos hijas: «Tu hermana sí que se cuida con la comida, tú deberías aprender de ella».
Evitar comparar cuerpos o hábitos entre hermanas: siembra rivalidad y vigilancia mutua. Hablar con cada una por separado de lo que necesita, sin usar a la otra como medida.
Para muchas adolescentes con cuerpos no normativos por el peso, la violencia no empieza en el móvil. Empieza en el patio del instituto: el aspecto físico es el segundo motivo de acoso escolar en España, por detrás de la «forma de ser», y uno de cada cuatro casos se relaciona con ser más gorda o gordo. En las chicas ese acoso es sobre todo relacional —exclusión, rumores, crítica sobre el aspecto—, mientras que en los chicos aparece más la agresión directa: por eso en ellas cuesta mucho más verlo. Y continúa, de forma más silenciosa, en lugares que deberían proteger: una consulta donde a una niña sana se le «receta» una dieta por su talla, sin preguntar cómo come ni cómo se siente. Muchas mujeres adultas con trastornos alimentarios señalan ese momento como el comienzo.
El Estudio 136 del Instituto de las Mujeres (Calado, 2024) recoge los testimonios de mujeres con cuerpos no normativos que vivieron esa doble violencia:
«Cuando voy al médico, solo me mandan adelgazar; de entrada, se presupone que tengo hábitos no saludables. No me creen, me invalidan y asumen que hago trampas porque no bajo de peso».
Mujer que padeció un trastorno alimentario · grupo no normativo en función del peso
«Tengo miedo a ir al médico, a que me pongan a dieta. Cuando ven que no bajas de peso, te dicen que tienes que disciplinarte. No tienen en cuenta que hay salud y enfermedad en todas las tallas corporales».
Mujer que padeció un trastorno alimentario · grupo no normativo en función del peso
¿Y qué tiene que ver esto con las redes? Mucho. Después de una humillación en el aula o de una dieta en la consulta, muchas chicas buscan en internet «cómo adelgazar rápido» — y el algoritmo responde con contenido cada vez más extremo: ayunos, retos, cuentas que promueven la restricción. La herida se abre fuera de la pantalla; la pantalla la profundiza.
Revisión pediátrica de Noa, 11 años. Está sana, activa, come variado. La profesional mira la gráfica y, delante de ella, dice: «Habría que vigilar ese peso; nada de pan ni dulces». Noa sale de la consulta convencida de que su cuerpo está mal. Esa noche busca en el móvil «dietas para niñas».
Intervenir en la consulta con respeto: «Preferimos hablar de hábitos, no de peso, y no delante de ella». Podéis pedir que no se la pese si no es clínicamente necesario, o que no se comente el número. En casa, desactivar el mensaje: «Tu cuerpo no está mal; estamos todas aprendiendo a cuidarnos». Y buscar profesionales con enfoque no pesocentrista.
Alba, 14 años, cuerpo no normativo. En el vestuario le hacen fotos a escondidas y aparecen en un grupo con risas. Deja de ir a Educación Física «porque le duele la tripa». En su historial: «ejercicios para adelgazar en una semana», «cómo no cenar sin que se note».
Creerla y nombrar lo ocurrido: es acoso por apariencia, no «cosas de críos». Activar al centro (protocolo de acoso, sin exponerla), cuidar la parte digital (denunciar las fotos en la plataforma) y atender la herida: su cuerpo no es el problema; la violencia sí. Si aparecen conductas de restricción, pedir ayuda profesional pronto.
Una amiga de vuestra hija de 16 años consigue «la inyección para adelgazar» que ha visto en redes, sin necesitarla ni tener indicación médica. Vuestra hija pregunta en casa si ella también debería. Los medicamentos GLP-1 se promocionan como solución rápida, pero su marketing calla los efectos adversos y la recuperación del peso al dejarlos. Y la presión para prescribirlos crece también porque los criterios para diagnosticar «obesidad» se han ampliado: cada vez más niñas y adolescentes sanas pasan a considerarse «en riesgo» y candidatas a tratamiento.
Agradecer la pregunta —confía en vosotras— y responder sin alarma: son fármacos con indicaciones concretas, no un atajo estético, y usarlos sin necesidad es arriesgado. Aprovechar para hablar de quién gana vendiendo inseguridad y, si la preocupación por el peso persiste, consultar con profesionales no pesocentristas.
Observar no es vigilar. Es estar disponibles y darse cuenta a tiempo. Los trastornos clásicos —la anorexia y la bulimia nerviosas— son los más difundidos, pero un trastorno alimentario no siempre se refleja en el aspecto. Existe la anorexia atípica: misma restricción, mismo miedo, mismas complicaciones médicas, pero sin bajo peso. Aparece en cuerpos que no son delgados y, sobre todo, en cuerpos gordos. Y ahí ocurre algo que lo cambia todo: lo que en un cuerpo delgado preocupa, en un cuerpo gordo se celebra. Si una chica delgada empieza a saltarse comidas, salta la alarma; si lo hace una chica gorda, se le pregunta cómo lo está consiguiendo. La misma conducta, leída de dos formas opuestas según la talla. Por eso estas chicas tardan años en ser diagnosticadas: no es que no dieran señales, es que nadie las miraba, porque el peso ocupaba todo el sitio.
Y tampoco se agota ahí lo que conviene mirar. Junto a estos trastornos crecen malestares emergentes ligados a lo digital: la ortorexia (obsesión por comer «limpio»), la cosmeticorexia (obsesión por productos y procedimientos cosméticos), la drunkorexia (dejar de comer para «ahorrar calorías» y beber alcohol, alimentada por la estética de fiesta que domina las redes) o la dismorfia digital (querer parecerse a la propia imagen con filtros).
Con la comida
Restricciones, saltarse comidas, rituales, culpa intensa tras comer, clasificar alimentos en «buenos» y «malos», comer a escondidas.
Con el cuerpo
Ocultarlo con ropa, evitar fotos, playa o vestuarios, mirarse o pesarse constantemente, comentarios negativos persistentes sobre sí misma.
Con las pantallas
No publicar nunca fotos sin filtro, seguir cuentas de retos y «transformaciones», malestar visible después de usar redes, comparación constante.
Con su vida
Aislamiento, caída del rendimiento escolar, abandono de actividades que disfrutaba, ejercicio compulsivo o como castigo, tristeza o irritabilidad mantenidas.
Claudia, 15 años, ha dejado el balonmano «porque le da pereza». Últimamente cena en su cuarto, dice que ya comió con las amigas, y por la noche se la oye hacer ejercicio «para compensar». En sus redes solo hay cuentas de rutinas y «what I eat in a day». Ninguna señal aislada es un diagnóstico; juntas y mantenidas, son una llamada.
No confrontar con la comida ni registrar su móvil. Abrir conversación sobre cómo se siente («te noto más apagada, estoy aquí») y, si el patrón se mantiene, consultar con profesionales con enfoque no pesocentrista.
La tutora de 3º de la ESO llama a la familia: hace semanas que la chica no participa en Educación Física y siempre pone la misma excusa. Pregunta si en casa habéis notado algo.
Agradecer el aviso: la escuela y la familia veis momentos distintos del día. Compartir lo que observáis en casa sin minimizar, y acordar juntas cómo acompañarla sin que sienta que la vigilan desde dos frentes a la vez.
En una revisión rutinaria, la enfermera nota que ha perdido peso desde la última visita y que evita subirse a la báscula. Lo comenta a la familia con calma, sin decir el número delante de la adolescente.
Tomar en serio la señal aunque en casa no hayáis notado nada: quien la ve con distancia periódica a veces detecta antes que quien convive con ella cada día. Pedir una valoración con enfoque no pesocentrista y evitar comentar el peso delante de ella.
Cuándo pedir apoyo profesional
Si varias señales se mantienen en el tiempo, si hay cambios marcados en la alimentación o si el malestar interfiere en su vida, buscad ayuda: pediatría o medicina de familia, profesionales de salud mental o especialistas en TCA con enfoque no pesocentrista (que no reduzca la salud al peso ni al IMC).
La intervención temprana mejora el pronóstico. Pedir ayuda no es fracasar como familia: es acompañar bien.
Revisad primero vuestro propio discurso
Antes de mirar su móvil, escuchad lo que se dice en casa sobre cuerpos, dietas y comida. El cambio empieza por el modelaje adulto.
Elogiad más allá del aspecto
Su humor, su esfuerzo, su forma de cuidar a sus amigas. Que sepa que su valor no se mide en la báscula ni en los likes.
Sacad la moral de la mesa
Ni alimentos «buenos» y «malos», ni comida como premio o castigo. Comidas en familia relajadas, sin comentarios sobre cantidades ni cuerpos.
Movimiento por placer, no por castigo
Ayudadla a encontrar actividades que disfrute por cómo la hacen sentir, no por cómo la hacen ver. Mejor aún: moveos juntas.
Mirad redes con ella, no contra ella
Preguntad con curiosidad: «¿cómo te sientes después de ver esa cuenta?». Dejar de seguir no es drama: es higiene digital. El algoritmo aprende de lo que ella mira; también puede aprender de lo que decide dejar de mirar.
Enseñadle que el ideal es una moda, no una verdad
El «cuerpo perfecto» ha cambiado en cada época. Mirad juntas fotos de otras décadas: si el ideal caduca como la ropa, no puede ser la medida de su valor.
Desmontad juntas filtros y «glow ups»
Buscad ejemplos de captura original → edición → imagen final. Esa piel, esa cintura y esas proporciones no existen fuera de la pantalla; los vídeos de «transformación» suelen esconder conductas restrictivas.
Poned nombre a la publicidad encubierta
Si alguien le recomienda un producto para «mejorar» su cuerpo sin indicar #publicidad, es un anuncio. Hablad también del gasto en cosméticos, suplementos, fármacos o retoques: ¿quién gana con su inseguridad?
Valorad el cuerpo por lo que hace, no por cómo se ve
Bailar, abrazar, correr, descansar. Practicar en casa la gratitud hacia la funcionalidad del cuerpo —y la autocompasión cuando algo no gusta— cambia las gafas con las que se mira.
Llenad su mundo de referentes diversos
Cuentas, libros y series que muestren cuerpos reales y mujeres como sujetos, no como objetos. La diversidad corporal se aprende viéndola.
Hablad de lo que nadie habla
Pubertad, menstruación, emociones, sexualidad. La naturalidad en casa desactiva la vergüenza que las pantallas explotan.
Pasad de lo individual a lo colectivo
Denunciad los contenidos dañinos en las plataformas, la publicidad y los medios sexistas en el Observatorio de la Imagen de las Mujeres, y el estigma de peso que llegue desde el colegio o la consulta en el OVIM. Uníos a otras familias y pedid al centro escolar espacios sin báscula ni IMC. Cada gesto parece pequeño, pero es una gota que genera ondas: muchas gotas juntas transforman la marea de una cultura que enferma en una cultura que cuida.
Cada gesto es una gota que genera ondas; la marea la cambian muchas gotas juntas.
Un repaso honesto, sin culpas. Marcad lo que ya hacéis y elegid una sola cosa para empezar esta semana.
🏠 Nuestro discurso en casa
📱 Su mundo digital
🛡️ Frente al estigma de peso
🌱 Señales y apoyo
📌 De dónde sale esta guía
📚 Las guías del Proyecto RESISTE
Guías RESISTE y serie Mirada crítica
El Proyecto RESISTE tiene dos series. Las Guías RESISTE son materiales prácticos dirigidos a un público concreto, disponibles como aplicación web interactiva en acceso abierto y gratuito. La serie Mirada crítica reúne los recursos de análisis derivados de la investigación, que explican por dentro los mecanismos de la VCD, también como aplicación web en acceso abierto. Todas las aplicaciones de ambas series, sin excepción, se abren desde el Padlet RESISTE. Recursos.
Cómo citar las guías RESISTE
Calado, M. (2026). Acompañarla sin vigilarla: Guía para familias frente a la Violencia Corporal y la Violencia Corporal Digital [Aplicación web interactiva, Proyecto RESISTE. Guía 1, esta guía]. Zenodo. DOI →
Calado, M. (2026). Más que un cuerpo: Guía para chicas frente a la Violencia Corporal y la Violencia Corporal Digital [Aplicación web interactiva, Proyecto RESISTE. Guía 2]. Zenodo. DOI →
Calado, M. (2026). Cuidar sin pesar: Guía para profesionales de la salud frente a la Violencia Corporal y la Violencia Corporal Digital [Aplicación web interactiva, Proyecto RESISTE. Guía 3]. Zenodo. DOI →
Calado, M. (2026). Educar sin cosificar ni pesar: Guía para profesionales de la educación frente a la Violencia Corporal y la Violencia Corporal Digital [Aplicación web interactiva, Proyecto RESISTE. Guía 4]. Zenodo. DOI →
Mirada crítica
Entrenar para gustar y Cuerpos cosificados en línea: recursos de análisis derivados de la investigación, sin numerar, solo en acceso abierto.
Calado, M. (2026). Entrenar para gustar: ¿salud o vigilancia? Recurso educativo interactivo sobre Violencia Corporal Digital, género y actividad física [Aplicación web, Proyecto RESISTE]. Zenodo. DOI →
Calado, M. (2026). Cuerpos cosificados en línea: cosificación y Violencia Corporal Digital. Recurso educativo interactivo [Aplicación web, Proyecto RESISTE]. Zenodo. DOI →
🗣️ Divulgación · alimentación y cuerpo sin estigma de peso
Algunas y algunos profesionales y creadores de contenido con enfoque respetuoso (por orden alfabético): Azahara Nieto · Chema Psiconutrición · Conchi Fernández · Eli Custó · Elisabeth Karin · Kike Esnaola · Laura Alberola · Laura Hernangómez Criado · Lidia Folgar · María Sanabdón Muñoz · Mireia Hurtado · Raquel Lobatón · Sofía Giaquinta. Buscad sus cuentas y libros: divulgan alimentación consciente, autocompasión corporal y salud sin pesocentrismo. No es una lista cerrada: hay muchas más personas haciendo este trabajo tan necesario.
Mujeres comiendo · Pipas en el banco · Nutrición con TCA · Nadie hablará de nosotras · Wanda Rebels · Escuela de Calor
Formato largo y reflexivo que profundiza el análisis, genera intimidad y escapa a la lógica algorítmica de lo viral. Buen material para escuchar en pareja o en familia, en el coche o dando un paseo. Disponibles en Spotify.
✊ Activismo y plataformas
Yolanda Domínguez
Campañas de intervención visual (Poses, Niños vs. Moda) que desmontan la cosificación y los mandatos estéticos. yolandadominguez.com →
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Campañas visuales con cuerpos diversos (estrías, celulitis, vello) que cuestionan filtros, cultura de la dieta y estigma de peso. larebeliondelcuerpo.cl →
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No Seas Presa de la Talla
Programa e investigación sobre violencias corporales y opresiones estéticas en mujeres jóvenes, con guía de recursos descargable. mujeresjovenes.org →
🏛️ Dónde denunciar y encontrar apoyo
Al denunciar, en cualquiera de estos canales: capturad la pieza, anotad la fecha y guardad el enlace original. Sin esas tres cosas, muchas quejas no pueden tramitarse.
Observatorio de la Imagen de las Mujeres · Instituto de las Mujeres
Canal de quejas por publicidad y contenidos sexistas; publica además el Estudio 136 sobre mujeres jóvenes y TCA (Calado, 2024). inmujeres.gob.es →
OVIM · Observatorio de Violencias Institucionales Machistas
Canal ciudadano para denunciar la violencia simbólica estética y salutista cuando procede de instituciones educativas o sanitarias. ovim.org →
Fundación Alicya
Directorio de profesionales con enfoque no pesocentrista y decálogo por el buen trato de las personas gordas en el ámbito de la salud. alicya.org →
📚 Referencias
Calado, M. (2010). Trastornos alimentarios: Guías de psicoeducación y autoayuda. Pirámide. DOI →
Calado, M. (2011). Liberarse de las apariencias: Género e imagen corporal. Pirámide. DOI →
Calado, M. (2024). Estudio 136. Informe sobre mujeres jóvenes y trastornos de la conducta alimentaria: Impacto de los roles y estereotipos de género. Instituto de las Mujeres. DOI →
Calado, M. (2025a). Visibilizando lo Invisible: Adolescencia, bienestar e imagen corporal. El rol de la familia [Taller]. ANPA IES Alexandre Bóveda de Vigo. DOI →
Calado, M. (2025b). Hackeando la corporalidad normativa: Violencia simbólica corporal y resistencias feministas en entornos digitales. Revista Gender On Digital, 3, 75–102. DOI →
Calado, M. (2025c). Denuncia digital de violencia simbólica institucional en sanidad y educación contra las mujeres: El OVIM como herramienta para visibilizar estereotipos de género sexistas y estigma de peso que se relacionan con los trastornos alimentarios. En T. Aránguez y O. Olariu (Coords.), Píxeles y patriarcado: Mujeres en la era de la IA (pp. 223–243). Dykinson. DOI →
Calado, M. (2025d). Visibilizando lo invisible: Acompañamiento familiar feminista frente a la violencia simbólica corporal digital en mujeres adolescentes. En T. Aránguez y O. Olariu (Coords.), Píxeles y patriarcado: Mujeres en la era de la IA (pp. 372–393). Dykinson. DOI →
Calado, M. (2026a). Cuando la cultura enferma: Prevención e intervención en TCA con la infancia y adolescencia [Presentación de taller]. Programa de Formación Continua para Profesionales de Redes Alborada. DOI →
Calado, M. (2026b). Entrenar para gustar: ¿salud o vigilancia? Recurso educativo interactivo sobre Violencia Corporal Digital, género y actividad física [Aplicación web, Proyecto RESISTE]. Zenodo. DOI →
Calado, M. (2026c). Cuerpos cosificados en línea: cosificación y Violencia Corporal Digital. Recurso educativo interactivo [Aplicación web, Proyecto RESISTE]. Zenodo. DOI →
Calado, M. (en prensa-a). Entrenar para gustar: El cuerpo activo de las mujeres ante las cinco dimensiones de la Violencia Corporal Digital. Dykinson.
Calado, M. (en prensa-b). Cuerpos cosificados en línea: La Violencia Corporal Digital estética y salutista como ciberviolencia contra las mujeres. Dykinson.
Sepúlveda, A. R., y Calado, M. (2012). Westernization: The role of mass media on body image and eating disorders. En I. Jáuregui-Lobera (Ed.), Relevant topics in eating disorders (pp. 47–64). InTech. DOI →
Sobre mí
María Calado Otero
Soy psicóloga y doctora en Psicopedagogía. Trabajo como Profesora Contratada Doctora en la Facultad de Ciencias de la Educación y Humanidades de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR).
Mi línea de investigación es la imagen corporal, los trastornos de la conducta alimentaria, los estereotipos de género y el estigma de peso, con foco en la Violencia Simbólica Corporal y la Violencia Corporal Digital, marco teórico propio que desarrollo desde una perspectiva feminista interseccional.
Compagino la investigación con la docencia universitaria y con la divulgación dirigida a adolescentes, familias y profesionales de la salud, la educación y el ámbito social, y desarrollo aplicaciones web y recursos educativos interactivos dentro del Proyecto RESISTE, en acceso abierto.
Contacto y redes
Nombrar las cosas es el primer paso para cambiarlas. Estas son las palabras que os lleváis de esta guía:
Violencia Corporal (VC)
La presión y el juicio que reciben los cuerpos —sobre todo los de las chicas— por no encajar en un único ideal. Ocurre en cualquier parte: en casa, en la escuela, en la consulta médica.
Violencia Corporal Digital (VCD)
La misma presión cuando viaja por las pantallas y se multiplica: filtros, ideales imposibles, retos, anuncios y burlas. Es la VC en versión digital.
Las cinco dimensiones de la VCD
Las formas en que se manifiesta: estética (el ideal imposible), salutista (la presión disfrazada de salud), algorítmica (el escaparate que retiene), comercial (la inseguridad como negocio) y ciberacoso por apariencia (el juicio directo).
Violencia salutista
Exigencia estética disfrazada de salud. Se reconoce porque mide aspecto en vez de capacidad, usa lenguaje moral («portarse bien», «compensar») y casi siempre vende algo detrás.
Espiral algorítmica
El algoritmo no sabe lo que le conviene a vuestra hija, solo sabe lo que la retiene: si se detiene en un vídeo, le mostrará cien parecidos, cada vez más extremos.
Publicidad encubierta
Un producto o servicio recomendado sin indicar que es un anuncio. Detrás de la inseguridad que genera casi siempre hay algo que se vende.
El árbol (de la insatisfacción corporal)
La forma de entender de dónde viene el malestar con el cuerpo y por dónde se sana: raíces (mensajes tempranos), tronco (creencias interiorizadas), ramas (impacto en la vida), hojas (emociones) y frutos (el resultado). Lo importante: las raíces se pueden regar de otra forma.
Interiorizado
Cuando un mensaje que venía de fuera se queda dentro y ya se lo repite una a sí misma, sin que nadie tenga que decírselo. Es lo que ocurre en el tronco del árbol.
Estigma de peso
Tratar peor a alguien por el tamaño de su cuerpo: burlas, prejuicios, o dar por hecho cosas sobre su salud o su carácter solo por su talla. Ocurre también en la escuela y en la consulta médica.
Cuerpo no normativo por su peso = cuerpo gordo
Un cuerpo que no encaja en el ideal de delgadez. Gordo describe un cuerpo, no es un insulto ni un fallo.
Anorexia atípica
Tiene toda la psicopatología y las complicaciones de la anorexia nerviosa, pero sin bajo peso. Aparece en cuerpos que no son delgados, sobre todo en cuerpos gordos. Es varias veces más frecuente que la anorexia clásica y la que más se infradiagnostica, precisamente porque no encaja en la imagen que se espera: tarda más en reconocerse tanto por parte de los profesionales como dentro de las propias familias.
Enfoque no pesocentrista
El que no reduce la salud al peso ni al IMC. Hay salud y enfermedad en todas las tallas.
Diversidad corporal
La realidad de que los cuerpos son distintos entre sí: altos, bajos, delgados, gordos, con y sin discapacidad. Mostrarla en casa es una forma de resistencia.
Ortorexia
Obsesión por comer «limpio» o «sano» hasta que esa vigilancia empieza a hacer daño.
Cosmeticorexia
Obsesión por productos y procedimientos cosméticos para corregir el propio cuerpo.
Drunkorexia
Dejar de comer para «ahorrar calorías» y poder beber alcohol, alimentada por la estética de fiesta que domina las redes.
Dismorfia digital
Querer parecerse a la propia imagen con filtros, hasta no reconocerse sin ellos.
GLP-1
Fármacos pensados para otras indicaciones médicas que se han puesto de moda para adelgazar. Prescribirlos a adolescentes sanas, sin necesitarlos, puede ser estigma de peso con bata blanca.
Caja de resonancia
Así funciona la casa frente a lo que las redes le gritan a vuestra hija sobre su cuerpo: no podéis controlar el algoritmo, pero sí podéis decidir qué resuena —o se amortigua— dentro de casa.
Resistencia
Todo lo que, desde casa, cuestiona y transforma la presión sobre el cuerpo en vez de repetirla: el lenguaje que se usa, los referentes que se muestran, las señales que se atienden a tiempo.